domingo, 25 de agosto de 2019

106 FELICIDAD NACIONAL BRUTA


Aum nació a finales de la década de los 60 en el siglo XX. Parecería que la compasión y el altruismo formaran parte de su genética. Sin embargo, ambos son consecuencia de la interiorización de un eficaz proceso de aprendizaje en el que Jetsun, su  tía paterna, ha tenido mucho que ver.
Aum recuerda dos proverbios que su pariente y mentora repetía desde que ella puede recordar con un gesto involuntario de elegante coquetería que enmarcaba sus palabras: “No existe camino para la felicidad, la felicidad es el camino” y “ La felicidad se basa en la confianza y la confianza es gratuita” .
Aum  nació en Bután cuya Constitución de 2008 instituyó como objetivo oficial del . gobierno la Felicidad Nacional Bruta. Esta mujer madura está rellenando el cuestionario que cada dos años se realiza a la población del país sobre sus vidas y su felicidad. La forma de interpretar los resultados pasa por el tratamiento de la información recogida en función de nueve indicadores que tienen que ver con el bienestar psicológico, la salud, el uso del tiempo, la educación, la diversidad cultural y la resistencia, el buen gobierno, la vitalidad de la comunidad, la calidad de vida y la diversidad ecológica.
Para Aum es difícil de entender el individualismo. Desde pequeña ha estado rodeada de personas con las que hacer y deshacer los avatares de la vida. Pero a veces necesita su momento de soledad y entonces  escapa de su ciudad, Thimpu, para perderse y encontrarse con la Naturaleza de la que se siente parte. Cuando regresa a la urbe, se siente reconfortada y con fuerzas para contribuir a mejorar el planeta. Actualmente está estudiando la poligamia practicada por los nómadas en las tierras altas. Parece ser una estrategia para la supervivencia de esta forma de vida. Mientras investiga se pregunta si las mujeres nómadas forman parte de la Felicidad Nacional Bruta en su quehacer cotidiano que abarca desde el cuidado de las criaturas hasta el transporte de reses.
Aum quiere viajar, conocer otras culturas, moverse en lugares de más de 750.000 habitantes. Lleva mucho tiempo alimentando este sueño y poniendo los medios para que se convierta en realidad. Aunque Aum  no se considera una persona feliz, sí tiene claro que pone su esfuerzo y compromiso en lograrlo…. si fuera posible, en  esta vida. Buena semana.


Nº 105 SAUDADE

Rodrigo es un hombre melancólico. Se aferra al pasado. Ignora el presente. Se ha separado hace diez años y no logra establecer puentes por los que transitar el momento actual. Conserva la casa intacta, tal como la compartiera con su pareja, cuando era su hogar. Utiliza la misma ropa cuya dedicación raya en la obsesión. Mantiene el mismo peinado de entonces. La foto que le identifica en las redes sociales es de aquella época. Hace del orden pretérito su rutina actual. Su corazón echó el ancla y paró motores. Pétreo e incombustible como la tea se detuvo en una hora, de un día en aquella estación de cierto año. Aunque late, Rodrigo no escucha diástole o sístole por muy acelerado que esté. Sordo. Oye pero no escucha. Ciego. Mira pero no ve. Aunque habla, no dice. Aunque traga, no saborea. Respira pero no percibe aroma. Toca pero no acaricia. Vive o lo parece.
Rodrigo es un hombre al que le gusta coquetear con la nostalgia. Pero solo de vez en vez. Tras los instantes en los que margulla por lo ausente, retorna a la superficie de lo que tiene presencia en su vida. Se ha separado hace diez años y día a día, deambulando primero, andando, luego y saltando después, desbrozó un camino de aprendizaje en el que comprendió el valor de lo que llegaba. Cerró con el eficaz cerrojo de la gratitud, puertas oxidadas por las lágrimas. Abrió las ventanas para que entrara el aire fresco, cuando su corazón le mandó la señal infalible. Sorteó los rescoldos ardientes, refrescando las brasas para evitar devastadores incendios. Entendió el carácter cíclico de la vida. Aceptó el cambio, transformó su entorno y se transformó. Como si de un recién nacido se tratara, fue capaz de volver a ver, decir, oir, saborear, percibir aromas y acariciar.
Rodrigo, como cualquier persona, tiene dos opciones a la hora de contarse la vida desde la saudade. Buena semana.

domingo, 11 de agosto de 2019

Nº 104 FAIR GO



Emily defiende la sociedad igualitaria, la justicia, la deportividad y la actitud positiva. Es una persona alegre y afable. Vive en Melbourne. Es adolescente. Está acostumbrada a intentar una y otra vez su empeño hasta que consigue su objetivo. Y si no lo logra, queda satisfecha por haber puesto lo que estaba de su mano. Tiene buenos recuerdos del colegio. Para ella es normal llevarse bien con la gente y conocer las reglas de los distintos juegos en los que participa en su andadura vital. A pesar de su juventud posee la herencia cultural de su entorno, que le hace asumir que  todas las personas merecen que se les dé una oportunidad digna. De pequeña le gustaba recortar figuras de papel. Recuerda los buenos momentos con su amigo David. Reían mucho mientras realizaban las  actividades escolares.  La niña era zurda. El niño, diestro; pero no se sentían significativamente diferentes pues en el aula había igual número de tijeras para quienes eran hábiles con la mano derecha que  para quienes lo eran con la izquierda. Emily aprendió por experiencia propia, que es deseable experimentar el fair go, la oportunidad razonable. Para ella, según ha aprendido,  se trata de vivir con dignidad. Buena semana.


lunes, 5 de agosto de 2019

Nº 103 GEMÜTLICHKEIT


Gunter trabaja en la recepción de un hotel alemán rural. Para ser feliz practica el Gemütlichkeit. Trabaja duro y una vez cumplidas las obligaciones laborales hace lo que considera necesario para sentirse cómodo. Su vida estructurada tiene una ventana desde la que “balancea los pies” y en estos momentos, cuando le atrapa los sueños, sigue la estela que deja la tinta indeleble con la que están escritos, solo visible para la inteligencia cardíaca. Esa es su medida de la felicidad. Dura unos instantes; tras los que vuelve, con tesón y sin nostalgia, al trabajo. La felicidad tiene, en su caso, mucho que ver con el orden que considera natural. Y en esa disciplina, el desorden encuentra su medida y su lugar. Buena semana.


domingo, 28 de julio de 2019

Nº 102 CACAO Y CHOCOLATE


Luisa mentía.
Ya se le había olvidado desde cuándo. Inventaba una realidad totalmente diferente a la mayoritaria que explicaba a sí misma y a los demás de tal forma que continuamente se veía envuelta en conflictos de los que no siempre salía airosa.
Luisa tenía miedo.
La estela de su paso era un adoquinado por el que resultaba muy incómodo transitar. Por eso, ella no volvía la mirada y seguía adelante, jadeante, construyendo un empedrado más tortuoso que el anterior por el que rodaba con frecuencia.
Luisa no sabía qué hacer.
En su infancia recibió una educación sin límites por lo que le costaba distinguir la realidad de la fantasía. Desde pequeña pegaba a quienes consideraba inferiores físicamente. Se acostumbró a despreciar las necesidades de los demás y solo vivía para la satisfacción de las propias, a cualquier precio.
Invirtió muchas horas en escalar puestos desde los que ostentar el poder y lo consiguió. Pero no lograba disfrutar de su trabajo pues un pánico al error la paralizaba. En su mente la dignidad pasaba por tener éxito social. Y con semejante  rasero juzgaba a quienes tenía alrededor.
No era mujer de confidencias. Por el contrario sepultaba su dolor tras la rigidez de su rostro, cada vez más anguloso.
Cierto día, despertó de la anestesia.
La operación revestía peligro. Fue un éxito y tras una lenta rehabilitación pudo incorporarse al mundo.  Pero ella ya no era la misma. Contra todo pronóstico, meses después, se encontró andando por la refrescante orilla del mar, en contacto con la naturaleza.
Empezó a amar la vida.
Pasaba horas en invernaderos y aprendió a distinguir las plantas de interior de las de exterior. Y su casa acogió, alegre, el verde en todas sus tonalidades. Compartió su espacio con un perro herreño que la miraba con  la incondicionalidad de quien ha recorrido los recovecos sinuosos de la gratitud. Su corazón pudo abrir la puerta a otro latido con el estableció una complicidad íntima, entre las sábanas. Y fuera de ellas, también.
Había aprendido.
Decidió escuchar las preguntas de los demás y  tomarlas en serio. Decidió estudiar lo que desconocía experimentando y sintiendo  un inmenso placer. De los que te reconcilian con la vida. Comprendió que el camino era  equivocarse cada vez mejor. Fue descubriendo   habilidades insospechadas y torpezas inverosímiles. Practicó el arte del consenso y  del disenso sin que el drama vistiera cada una de sus decisiones.
Ella sabía qué hacer.
Se sentía una persona valiosa. Y por esto podía percibir el valor de cada ser humano.
No se había vuelto tonta. Era consciente de que a veces, tocaba tomar cacao y otras, chocolate. Pero ella era quien decidía la cantidad. Buena semana.



domingo, 21 de julio de 2019

Nº 101 AGUA




Pequeñas gotas pendían de las vistosas buganvillas.. Sus hojas, trémulas, pintaban el matutino paseo de Mar con tonalidades festivas .Era uno de los placeres que su mente unía a la época estival, varias semanas de vacaciones en las que la rutina que ordenaba su vida brillaba por su ausencia y ella, haciendo honor a su nombre, se volvía hacia la inmensidad salada.
Mar era una persona alegre. No hacia concesión a la tristeza; tampoco la esquivaba cuando aparecía, necesaria aunque temporal, para acompañar en las pérdidas de distinto calibre que, como a toda hija de buen, regular y mal vecino, requería de un duelo de duración y sutura variadas.
A Mar le gustaba observar la arena de la playa de su ciudad natal. Esas partículas que conformaban un natural pavimento en su andar costero tenía escondidos, a su juicio, innumerables enigmas que estimulaban su imaginación.
Mar pensaba que era imposible saber cuántas huellas, otrora pisadas efímeras, habrían habitado aquella alfombra rubia voluble. Se le antojaba como una caja negra que atesorara el devenir humano: a veces pausado, otras, raudo; a veces profundo, otras, superficial. Ensimismada como estaba, tomó un puñado de arena y la deslizó por sus dedos sin más finalidad que la de disfrutar de su textura. Soñadora, reconstruía el pasado lejano de su paisaje presente ,cuando gigantescas montañas se erigían, altivas, sin sospechar que, en un futuro inconcebible quedarían reducidas a partículas diminutas, dispersas por el viento, aniquilando todo prestigio de su pasado glorioso. De escarpada monumentalidad el paraje habría tocado en suelo romo.
Mar se enamoró apasionadamente en cinco ocasiones y media., contando la que protagonizaba en ese momento y que prefería concebirla sin concluir, en un hábil regateo al desamor a fin de empatar una prórroga con otra.
Mar se metió en el mar. En su nadar no le importa nada. Cuando estaba en el agua, sentía que habitaba el vientre materno y en su familiar protección, se movía en todas las direcciones, en armonía. 
Mar tiene alma de pez. Fiel a su naturaleza, cada vez que puede se escapa al litoral. En el agua se vuelve líquida en un mundo cada vez menos sólido. Buena semana.




domingo, 14 de julio de 2019

Nº 100 ENCAUZAR EL DESATINO

Bolanle, en su madurez, se tenía por una persona racional. La cordura era el faro de sus acciones. Cada palabra salida de su boca era producto de una lenta maceración mental. Este rumiar dialéctico constituía el adarve perfecto desde el que enfrentarse al mundo. Se acercaba a una prudente distancia donde la vida se traducía en una descripción certera y pausada de los acontecimientos. No siempre acaeció así.
En su infancia la vida le mostró las innumerables cabezas de la hidra del caos. Durante mucho tiempo se empeñó en decapitar toda sesera de inteligencia distraída que la envolvía, furibunda, lanzándola de aquí para allá. Como respuesta al ataque por doquier, desarrolló una fuerza descomunal favorecida por su constitución atlética. La existencia de Bolanle , desde pequeñita, fue una continua defensa.
En su adolescencia el azar rodó hasta que tropezó con su silueta y Bolanle empezó a juntar acción con lógica y descansó al poder nombrar lo que ocurría.; al comprender el porqué y el para qué de cuanto le rodeaba; al reconocerse en letras que ponían orden en un entorno desértico.
Bolanle formó parte del 19´1% de la tasa de alfabetización de su amada tierra sin litoral .Y con el aprendizaje encauzó el desatino externo e interno que le hacía zozobrar. Bolanle, desde entonces, contempla cada error pasado como la simiente del acierto presente. Bolanle razona, es dueña de su vida. Enseña lo aprendido. Y así abre puertas al porvenir. Buena semana.



domingo, 7 de julio de 2019

Nº 99 INFINITIVOS


Despertar con ganas de bajarse de la cama o de gozar un poco más del dulce o picante duermevela. Saber que el arraigo es una concatenación de momentos; instantes   que con el paso del tiempo se ubican en distinto orden, una vez, otra, otra y así hasta que el cuerpo aguante. Comprender que a veces se florece y otras  crece la raíz. Cincelar la sonrisa sabia y genuina, sin otra pretensión que la del agradecimiento por estar presente otro día más. Acariciar con placer la piel ajena. Temblar de gusto ante el roce del amor. Pavimentar cada día con el suelo de la serenidad y el entusiasmo en dosis variable según la ocasión por estrenar. Plantar la semilla que devendrá en lo que hoy es utopía. Descansar de la vigilia. Soñar lo vivido y lo porvenir. Decidir si se quiere encontrar los tres pies al gato o dejarlo marchar lisiado.  Vivir. La  concreción de las variaciones gramaticales de voz, modo, tiempo, aspecto, número y persona de estos infinitivos es la tarea individual y colectiva por excelencia. Buena semana.



domingo, 30 de junio de 2019

Nº 98. A PÁRRAFO POR ESTACIÓN

Llega el verano. No el del shakesperiano sueño de una de sus noches. Hace calor. Vaya, vaya, aquí sí hay playa. Mueve tus caderas también cuando algo vaya mal. No soy yo, eres tú. La belleza está en el exterior. El roce deshace el cariño. Nuevas glorias llegando. Viejas glorias marchando. A vivir que son dos días…. qué el mundo se va a acabar. Hoy te quiero más que ayer y mañana, a saber. El fuego quema o purifica en ritos ancestrales reconvertidos por el poder. El orgullo del orgullo. La orfandad desolada del vello de punta, ante la globalización del laser depilatorio. El hastío se asfixia en el estío. El aire engullendo sal con agua y arena.
Llega el otoño. Pero no el que alcanzó al patriarca Aureliano Buendía. La hora se cambia a deshora. Las castañas en batalla contra las calabazas. La vanguardia turronera luciendo palmito en hiper y mercados. Inicio de las rutinas tras su abandono ficticio .La ventolera interna emergente, el silencio externo batiéndose en retirada. Irse de puente en los puentes, tautología viajera. Nuevas glorias llegando. Viejas glorias marchando. La noche asilada en la tarde. El desamor rancio engordando las cifras de la morgue .El día de abril que va a llegar a los finales de noviembre .La niebla empañando los ojos. Lo caduco se deshoja.
Llega el invierno. No solo en Lisboa. Sábanas de franela, extendidas con ilusión, arrastradas con pasión. El gordo navideño cada vez más famélico. El fin del fin para volver a empezar. Control digitalizado envuelto en papel de regalo en la noche monárquica. La paz, paloma cubierta con un sangriento sudario. Trajín carnavalero con sabor a lentejuela .Nuevas glorias llegando. Viejas glorias marchando. El clima, uniformado y radical. Anticipo ansioso de la próxima estación en el tajo británico.
Llega la primavera. No la palaciega de las sonatas del marqués de Bradomín. Las agujas del reloj ahítas de tanto pa’ lante y pa’ tras. La revoltura existencial, a lomos de los alisios. El duelo, disuelto en la muerte y resurrección; o en efímeras estancias en puertos y aeropuertos. La luz brillante paridora del naranja púrpura crepuscular. El libro de fiesta en la Feria. El enrale asomando, primero, el hocico; después, el cuerpo entero. Nuevas glorias llegando. Viejas glorias marchando. Versátiles siluetas de futuribles huellas, perennes o pasajeras. Y de fondo, en cada momento, la banda sonora de cada cual. Buena semana.



domingo, 23 de junio de 2019

Nº 97.ELECCIÓN SOSTENIBLE


Aquella familia tomó posesión en la playa recién concluida la siesta. Desplegaba toallas sobre las que esperar la despedida del sol, los fuegos artificiales y compartir el ritual, que en su entorno era ancestral y con el que, metafóricamente, soltaba el lastre para continuar el viaje de la vida.
Los mayores recordaban cómo aprovechaban esta fiesta, tiempo atrás, para quemar los muebles y trastos a los que ya no les era posible prorrogar la existencia. Compartieron que era tradición mirarse en una palangana con agua para confirmar, si el agua no estuviera turbia, un año mas de vida; así como que las chicas saltaran el fuego para encontrar novio con el que casarse ; e incluso poner tres papas debajo de la cama (una pelada, otra a medio pelar y otra sin pelar ) para adivinar cuán próspera iba a ser el porvenir. ¡Eran tiempos donde la vida se vestía de fragilidad, la manutención femenina pasaba por un buen casamiento y la prosperidad escaseaba! Después, con el pasar de los años, empezó el espectáculo y las aglomeraciones costeras. Y a partir de un momento, engullido por la voracidad de la historia, se desbordó la celebración, reinando el despiste en relación al significado del encuentro festivo: la versión más aceptada era la que unía el nacimiento de San Juan Bautista con el solsticio de verano y por ende, con la noche más corta; dentro del contexto del cambio de calendario, por el que el juliano trocó en gregoriano; por eso, al principio de nuestra era y antes de que se aplicara una corrección, el solsticio de verano podía caer en el 23, 24, o incluso el 25 de junio.
Uno de los peques preguntó por esa palabra tan rara de pronunciar, SOLSTICIO. Y fue una joven del grupo quien le explicó que el solsticio de verano ocurre cuando el Sol, visto desde la Tierra, alcanza su máxima declinación Norte (+23º 27’) y su altura extrema a mediodía apenas cambia durante varias jornadas; solsticio significa SOL QUIETO; es el momento en el que empieza el verano en el hemisferio norte y el invierno en el hemisferio sur. 
También hubo quien recordó cuando se puso de moda tirar objetos y comidas al mar para abandonar el pasado pesado y propiciar un futuro venturoso. ¡Qué facilidad tenemos los seres humanos para dejar nuestro destino en manos de ajenas! - concluía. A lo que apostilló la voz de la socarronería ¡Será en las del personal de basura! 
La familia asistió a la exhibición pirotécnica, que brillaba en el cielo, mar adentro; fue, como era habitual, espectacular; pero por primera vez, silenciosa, en deferencia a las mascotas del lugar; los mayores se bañaron en la orilla, los jóvenes tiraron para el concierto, la chiquillería jugaba. Después, las distintas generaciones, se fueron sin dejar en el espacio que ocuparon ningún añadido a lo que encontraron a su llegada. Bien al contrario, depositaron en la papelera alguna colilla y otros objetos sedentarios no identificados abandonados; restos como rémoras.
Hubo quien se marchó con mas ligereza, hubo quien cargó con su pesadez, cuestión, en ambos casos, de elección. Y cada cual siguió construyendo su vida con los materiales de su elección, depositando sus escombros, también de su elección, en los puntos limpios habilitados para tal efecto. Si era esa su elección. Buena semana.

domingo, 16 de junio de 2019

Nº 96. TODO PUEDE PASAR


El pequeño rasgó el sobre sorpresa con la ilusión maquillándole el rostro. La expectación se aderezaba con gotitas alegres de saliva y una risa nerviosa, chasquido de lengua incluido. No podía cerrar la boca, ni dejar de emitir sonidos estridentes .Los ojos buscaban otra frontera allende las órbitas, El olor a lavanda perfumaba el momento. Las manos, pequeñas y expectantes, se apresuraban a desvestir el regalo sin otra brújula que la curiosidad. Escuchaba su corazón latir. Era domingo. Hacía sol. Era un momento feliz. 
El recuerdo se le pegó por dentro y durante décadas erró el rumbo y se perdió.
De adulto construyó una vida de rutinas marcadas, exclusivamente, por el deber, que le pintó arrugas entristecidas en el ceño. El estatus que saboreaba alejó la lluvia fresca de su boca y la volvió páramo extenso, amargo y silencioso. Los párpados fueron cayendo, cada vez más pesados y le costaba tanto mirar que terminó por no querer ver lo que tenía delante. Envuelto en un aire contaminado desarrolló alergias variopintas que le hacían temer el cambio, en general y el de estación, en particular.. Las manos se especializaron en firmar documentos importantes que engordaban su patrimonio. Asistía a la ópera como parte de su aséptica y poco escéptica vida social pero no logró sentirse atrapado por la pasión que se desbordaba en el escenario. El sístole y el diástole de su corazón le producían indiferencia ya fuera lunes o domingo. Se vivía en una eterna y asfixiante panza de burro.
Y cuando su vida parecía la estricta regla confirmada por la excepción el recuerdo encontró la salida del laberinto del dolor. Y él se halló. Y disfrutó con avidez de la ilusión, la risa, las pupilas despiertas, el olor a lavanda y la sorpresa de un cuerpo femenino que desvestía sin otra brújula que la curiosidad. Atesoró latidos, propios y ajenos; atesoró domingos soleados; atesoró momentos felices sabedor de que en la vida todo puede pasar. Y pasa.Buena semana.


domingo, 9 de junio de 2019

Nº 95 .HUBO UN MOMENTO




Hubo un momento donde el pasado se desvaneció y su recuerdo dejó de acudir a la llamada de cuanta persona lo convocara. El ayer era reinterpretado constantemente merced a la evocación azarosa.
En la ciudad reinaba la confusión, en el campo también, pero sin tanta ansiedad.
Las autoridades se vieron afectadas por la amnesia selectiva y díscola. En poco tiempo se deshizo la legalidad y la legitimidad del poder; su ejercicio y acatamiento fueron a varar a las costas del sinsentido. En el gobierno se discutía, alimentando bucles dialécticos hasta el más mortal sobrepeso mental. Nadie comprendía nada; nadie comprendía a nadie; nadie se comprendía.
Se borró toda huella pretérita. En el imperio de la desconfianza individual y colectiva se asumió internamente que solo era válido el presente. Toda verdad quedó atrincherada en los ángulos obtusos del aquí y ahora que paradójicamente se hicieron eternos. Se repitió lo semejante hasta la saciedad. La gramática del miedo desterró lo alternativo e instauró lo inamovible como oficialidad.
Lo posible era tan intenso que nadie pensaba en lo imposible.
Cada fin de jornada era solo un paréntesis cuyo despedida reiniciaba la jornada anterior, idéntica y perenne.
De la memoria, nadie se acordaba Buena semana.

domingo, 2 de junio de 2019

Nº 94. ADICCIÓN LITERARIA



Él leía mucho. Tanto que a veces no sabía si lo que recordaba era algo vivido en el pasado o la recreación de la lectura, presente o pretérita. Cuando se percató de esta confusión se sintió asustado. Se imaginaba perdiendo la razón trocado en un Quijote luchando contra molinos no sostenibles o atrapado en algún delirio semejante. Curiosamente, en esta recreación en el extravío no estaba acompañado por ningún Sancho Panza, grueso u oblongo.
Él se dijo que tenía que poner remedio a esa amenaza en ciernes, algo así como poner la tirita antes de la herida. Por esto se impuso un horario de lectura fuera del cuál padecía un síndrome de abstinencia tan brutal que se experimentaba viviendo en delegación, testaferro de sí mismo.
Él confió a su entorno el alcance de su adicción y el compromiso con su recuperación. La familia y la gente allegada se apresuraron a apoyar su empeño y diseñaron un plan de salidas compulsivas que le dejaban agotado y con calambres en los pies y con ganas de estar solo y en silencio un rato. Incluso los hijos adolescentes le sometieron a un tercer grado de series imprescindibles en las plataformas digitales, en constante compañía, donde el ritmo era marcado por las temporadas paridoras de cinco a ocho capítulos por camadas. Y realmente estaban tan bien hechas que se le pasaban las horas con el interés cosido a películas alargadas hasta la extenuación donde lo erótico y lo tanático vestían los ropajes de las leyendas, atávicas o futuristas. Se quedaba sin palabras pues el ritmo frenético no daba tiempo a la reflexión pausada.
Él tenía prohibido realizar prácticas de riesgo. Debía evitar caer en la tentación. Así que huyó de las calles en las que habitaban las librerías, auténticos santuarios hacia los que peregrinaba semana sí y semana también, aunque solo fuera por el placer de deslizar su mirada por las portadas recién nacidas. Se alejó, también, del libro electrónico y canceló la cita concertada en su anterior rutina en ese espacio que tanto saboreaba al caer la tarde y que reservaba para el texto que le atrapara de forma especial.
Él, gracias a su constancia, afortunadamente, no cayó en la locura. Aunque sabía que debería estar alerta de por vida, se podía considerar como una persona cuerda. Solo leía los prospectos de los ansiolíticos, analgésicos y antihistamínicos que le acompañaban en las dolencias y alergias que al tiempo brotaron en su nueva vida y que él achacaba a la edad; realmente su lectura le resultaba desagradable, prueba fehaciente de que el riesgo de la recaída era prácticamente nulo.
Él, años después de la extirpación del tumor literario, se despertó aquella mañana, desorientado, no sabiendo si estaba en la primera o última temporada de la serie en la que, a pesar de los títulos de crédito, no se reconocía como protagonista. Buena semana.